Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, Monóvar - Semana Santa 2011


   
  Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, Monóvar
  Semana Santa 2011
 
Crónica Semana Santa 2011


Diez y media de la noche, noche estrellada de Miércoles Santo. Siempre es una suerte tener el tiempo de cara y hoy la luna brilla con toda su fuerza, quiere iluminar el camino de nuestra fe, el camino de nuestra Estación de Penitencia.

En el interior del templo se reúnen costaleros y capataces, miembros de la banda y sus encargados. Son las últimas indicaciones antes de salir en procesión. Nervios, emoción… se oyen gritos de ánimo entre costaleros y banda de tambores, ni unos ni otros pueden evitar ese nudo que atenaza las palabras y casi no te permite articular. Ya golpea el martillo la campana llamando a sus costaleros, costaleros que quieren llevar hasta el cielo a su Virgen de la Soledad. Es hora de partir. A ritmo de las cajas chinas avanza la Virgen de la Soledad sobre su Trono plateado. Poco a poco va asomando con paso elegante ese rostro perfecto de Madre perfecta, madre de capataces y costaleros, madre de cofrades y mantillas, madre de Jesús y madre de todos. La gente congregada en el exterior del Templo rompe en aplausos mientras la banda de tambores desencadena toda su furia en sus redobles, poniendo el bello de punta incluso a la misma Iglesia. La cofradía tiene por delante un largo recorrido, la Virgen de la Soledad va en busca de su Hijo y no cesará en su empeño hasta encontrarlo. Acompañada por su Cofradía recorre calles y callejones, pronto le verá… Ella lo sabe.

Alrededor de la media noche la Cofradía de la Soledad coincide en su itinerario con la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores. En ese instante las bandas de ambas Cofradías se funden en una y ambos Tronos quedan a escasos metros de distancia. Uno porta a la Virgen de la Soledad, el otro a Jesús en brazos de su Madre. Los alrededores están abarrotados de gente, gente que aguarda en silencio el momento esperado, entonces comienzan a sonar las primeras notas fruto de la fusión de las bandas de tambores y cornetas. Los Tronos puestos en pie inician unos pasos que desembocarán con las dos Imágenes frente a frente, con los varales de ambos Tronos acariciándose en sus extremos, como la Madre acaricia a su Hijo. El público presente rompe en aplausos, centenares de personas que acudieron al encuentro entre la Madre y el Hijo creen entre aplausos que ya todo está dicho, pero para entonces el capataz hace sonar la campana y los costaleros inclinan el Trono de la Soledad haciendo una reverencia a su Hijo.

La angustia pesa y la emoción contenida hasta ese instante no puede retenerse más, la gente grita con vivas y llantos de alegría ese instante tan inesperado donde la Madre parece decir a su Hijo, "Hijo, aquí estamos todos. La primera yo, tu Madre. Madre de la Soledad"

A partir de entonces Madre e Hijo inician juntos el camino de regreso al templo, pasando por delante de la casa de Hermandad. Ella ya no se siente tan sola, camina cerca a su Hijo y además lleva la compañía de toda su Cofradía y toda una ciudad, que han querido compartir su dolor y sufrimiento.

Tras la entrada a la Arciprestal de su Hijo en brazos de su Madre Dolorosa, le sigue Ella, mecida al ritmo de los engalanados tambores de su banda, despidiéndose y agradeciendo al pueblo su compañía en esta Estación de Penitencia.

El Viernes Santo volvió a salir en procesión, de luto, de riguroso luto, su Hijo a muerto, pero Ella sabe que sus palabras nunca morirán. 


                                                             Francisco Jaén

 
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nació el 27 de Enero de 2008.

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